Materiales populares y folclóricos en la literatura

    Los hijos, a lo lardo de la historia, siempre han venido con un pan debajo del brazo (y ya la expresión es elocuente), es un elemento popular, así como la mujer solterona con connotaciones despectivas, con gran distancia semántica con la palabra solterón. Lo cierto es que en la sociedad, lo diferente es señalado con el dedo.

Ahora bien, los hijos se convertían en una bendición sencillamente porque eran mano de obra barata en la sociedad tradicional, era una sociedad de reciclaje, se aprovechaba todo al máximo. El hijo sobrevivía con lo heredado por hermanos mayores. A los 6 años ya ocupaban puestos como “el pitorro” que llevaba el botijo a los segadores, y a medida que se hacían grandes eran mayores sus responsabilidades, especialmente los niños varones. El no tener hijos en la sociedad tradicional es una maldición; la mujer que tiene hijos cumple su función y de no tenerlos sería tachada de bruja y maldita como se ve en la obra de Yerma.

¿Qué es Yerma? Algo que no se cultiva porque es un terreno no propicio y el título es deliberado por parte de Lorca. La protagonista no tiene hijos y la obsesión de esta mujer, se manifiesta desde el principio, ella es un terreno preparado para cultivo para su marido. El primer cuadro de la obra, comienza con una nana, canto popular de mucha profundidad. La nana es un género casi literario y conecta gracias a la voz como elemento primordial de comunicación. El tema del niño está presente desde el principio en la obra.

Juan el marido de Yerma afirma: “No tener hijos que gasten” y Yerma contesta “Juan no tenemos hijos, no tenemos hijos”. No tener hijos en la sociedad tradicional era una responsabilidad casi exclusiva de la mujer. Esa necesidad de hijos, aparece mediante gestos, como pasarse la mano por el vientre. Yerma muestra su ansiedad por la falta de hijos, y todos la señalan por ello.

La palabra y la espiritualidad popular son factores importantes en la antropología popular. Magia y religión se complementan en la sociedad tradicional. El hombre tradicional necesita respuestas y para ello lo solicita en la magia y en la religión y eso no crea conflicto. La palabra mágica en la religión es la plegaria, la oración que surte un efecto automático y es una puerta de comunicación con la divinidad. La palabra con poder sobrenatural ya existía en el mundo clásico. Si la palabra es Dios, sus poderes son idénticos al de Dios. Los ensalmos sirven para curar, el conjuro en el mundo campesino para evitar tormentas en el campo.

La necesidad del hijo en Yerma aparece en forma de palabra, al final seguimos la obsesión por el hijo cuando Yerma matado a Juan, y ella dice “yo misma he matado a mi hijo”; parece trastornada pero sus palabras implican que el único hombre que la podía dar un hijo ha muerto, concepto de la fidelidad. La esterilidad es un auténtico estigma en la sociedad tradicional: “cada mujer tiene sangre para cuatro o cinco hijos y cuando no los tienen esa sangre se vuelve veneno”. Estamos ante la cultural popular.

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